E-E-A-T en un negocio de diez personas: qué se puede demostrar de verdad
Experiencia, pericia, autoridad y confianza no se compran con un sello. Se notan en nombres, fechas y en lo que os atrevéis a no prometer.
Google no os va a pedir un doctorado si arregláis persianas o redactáis cartas de menú. Sí nota cuando una página de «quiénes somos» no nombra a nadie, o cuando un artículo técnico no tiene fecha ni autor.
En negocios pequeños de la provincia, la prueba más limpia suele ser aburrida: nombre de quien atiende, años en el mismo local, fotos del espacio sin filtro de catálogo, y una página de contacto que se puede visitar. Eso es experiencia demostrable.
La pericia se nota cuando explicáis un límite. «No hacemos X» es más creíble que una lista de doce servicios calcados al competidor de Valencia. En búsqueda, el límite ayuda a quien no es vuestro cliente a irse antes — y a quien sí lo es a quedarse.
La autoridad, en este tamaño, casi nunca es un medio nacional. Es un colegio profesional, un proveedor conocido, un ayuntamiento para el que habéis trabajado, o simplemente una trayectoria que se puede contrastar. Inventar premios es el atajo peor.
La confianza se rompe con textos que parecen escritos para «posicionar» y no para ser leídos en voz alta. Si no podéis leer un párrafo al cliente sin sonrojo, no lo publiquéis. Esa regla nos ha ahorrado más retrabajo que cualquier lista de palabras.